jueves, 13 de mayo de 2021

El arte contemporáneo rádica en la incomprensión. En la fama de la firma.

 Con un buen marchantede arte se puede llegar muy lejos, por eso se llama marchante: de machar

Nueve obras de arte contemporáneo tachadas de incomprensibles, explicadas

Concepto, emoción, crítica social, experimentación... Detrás de estas piezas hay todo eso y ninguna la podría haber pintado tu hijo

"Hacía un tipo de trabajo que a la mayoría de la gente no le interesaba y yo tampoco quería explicarles nada", ha reconocido Yoko Ono. Cuántas veces hemos recorrido las salas de un museo de arte contemporáneo con cara de circunstancia y cuestionándonos si, de haber aceptado los auriculares, habríamos entendido algo más de lo que estamos viendo. Por no mencionar las ocasiones en que se han llegado a confundir piezas con basura y otras historias delirantes en torno al arte conceptual. Hay preguntas que planean sobre estas creaciones como una maldición: ¿qué distingue un cuadro abstracto de otro cuadro abstracto, más allá de los colores y la colocación de los trazos? ¿De verdad podría pintar yo un liezo así y venderlo por millones?

Recordamos las lecciones de arte de la escuela y las repetimos como la tabla del 10 o las valencias de los elementos. Pero entenderlas pasa por un cuestionamiento de las intenciones, de las ideas que las sustentan, su concepto y a qué apelan; una aproximación a las obras con un espíritu libre que indague en nuestras propias emociones. Y un contexto. Esta es la guía de un historiador del arte para comprender aquellas piezas míticas que no te habían explicado bien.

1. 'Grupo IV, No.3. Los diez mayores' (1907). Hilma af Klint.

Hilma af Klint (1862-1944) inventó la abstracción una década antes que Kandinsky, en sesiones de espiritismo en Estocolmo de las que emergen inmensas series de colores y formas que contrastan entre sí. Hilma se consideraba más un canal de energías que una pintora: entre 1906 y 1908 abordó sus pinturas desde una actitud de médium plena, y su mano era "guiada". Entre 1912 y 1915, su momento de madurez pictórica, Af Klint seguía convencida de sus conexiones paranormales, con las que abandonaba la técnica pictórica aprendida para introducir cuadros geométricos, rayados, símbolos…

Renunció a la perfección, al rigor de lo visible y a la fidelidad con la naturaleza. Prefería la expresión de una emoción. La artista espiritista pintaba por otras voces. En sus diarios cuenta que entraba en trance y recibía mensajes en posición yacente. Su legado supera el millar de cuadros y 125 cuadernos de notas. Nadie sabía nada de ella porque nunca enseñó su obra, nunca vendió nada y su última voluntad indicó que así debía seguir siendo hasta que no hubiesen pasado dos décadas de su muerte. Su aparición obliga a bautizar de nuevo la pintura abstracta y a disfrutar con sus viajes espirituales a otra dimensión.

2. 'Cuadrado negro sobre fondo blanco' (1915). Kazimir Malévich.

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Kazimir Malévich (1879-1935) pintó este cuadro como un órdago contra el realismo, el naturalismo, el impresionismo y el cubismo. Contra todo lo que puedas ver con tus propios ojos. Él prefería ciegos a los artistas y al público para que atiendan a la vida invisible, para que vean lo real únicamente en la emoción. Malévich inauguró con este cuadro la nueva pintura, que pretende que el arte sea pensado más que visto. Es decir, se acabaron las facilidades a partir de 1915. El arte dejó de ser "una zona de confort" para convertirse en pura inquietud y malestar.

Con Cuadrado negro arranca la escalada de agresiones contra lo visible o, mejor dicho, lo previsible: ese espacio oscuro antes lo ocupaba la verdad. Ahora hay nada. Es el suprematismo, la pura sensación. "Todo ha desaparecido, solo queda la masa de materiales con los que se construirá la forma nueva", escribió. Con este cuadrado negro, que se conserva en la Galería Tretiakov (Moscú), el terrorista de lo popular –que alcanzó la impopularidad con esta pintura– dejó de clásicos a los cubistas. Malévich, de hecho, estaba indignado con ellos porque no habían hecho más que "desfigurar" las cosas, sin llegar a liberarse de la figuración. Unos reformistas descafeinados.

3. 'Amarillo-rojo-azul' (1925). Vasili Kandinsky.

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La condición de la abstracción es "hacerse entender". Kandinsky (1866-1944) escribió mucho sobre su libertad y cómo ser popular. Sin embargo, fue consciente de que "el miedo al camino libre, el miedo a la libertad y la sordera con respecto al espíritu" se lo iban a poner difícil. Lamentaba que el público recibiera con hostilidad cualquier valor nuevo, que aún hoy se combate "con burlas y calumnias", y que a él se le presentara como "un individuo ridículo y grosero". Se rieron de él y de su nueva pintura; le insultaron. "Es el lado siniestro de la vida", escribió. El arte está en el lado contrario, es "la alegría de la vida".

Kandinsky valoró todo aquello de lo que se le acusaba: la actividad inconsciente, el esquematismo y la espontaneidad, aunque le hicieran pasar por un pintor de monigotes infantiles. No rechazaba la percepción privilegiada de los niños y pedía al espectador que olvidara sus deseos por un instante. Que no atendiera a limitaciones y se liberase: "No debemos rechazar nada sin un encarnizado esfuerzo por descubrir la vida". La curiosidad hay que trabajársela. La abstracción es libre y exige serlo como espectador para contemplarla. Kandinsky te pide que no prestes atención a la forma, porque te confunde y te impide sentir la obra de arte con un espíritu libre. Él mismo lo resume: "No hay que hacer de la forma un uniforme. Las obras de arte no son soldados".

4. 'Mural' (1943). Jackson Pollock.

"Algunas veces utilizo el pincel, pero otras prefiero recurrir a los palos. En ocasiones, incluso, vierto la pintura tal y como sale del bote", explicaba Jackson Pollock (1912-1956), mientras remataba –metafóricamente– al artista académico, tradicional y preocupado por el pasado, que ya habían herido sus antecesores. En su abstracción expresiva retomó, sin embargo, algunos rasgos de los primeros abstractos con el objetivo de alejarse de ellos.

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Pollock pintó este mural para el recibidor de la casa de Peggy Guggenheim, en Manhattan, cuatro años después de que Picasso presentara Guernica en el pabellón de la República española, en la Exposición Universal de París de 1939. "Es tan grande como el infierno", dijo la mecenas cuando contempló el lienzo por primera vez. De existir, el infierno debe de ser un popurrí de colores: bermellón, rojo de cadmio, carmín alizarina, cadmio limón, verde, azul cerúleo, azul cobalto, sombra quemada, blanco de titanio, negro… Hasta 25 pigmentos distintos se han identificado en el Mural; y mucho dripping (la técnica de goteo que introdujo el artista estadounidense).

Y a pesar de ello, aún faltaban unos años para que Pollock liberase definitivamente su cuerpo y perdiera el control sobre la pintura, y los goterones se derramaran sin medida y sin condiciones. Pollock dijo de Mural que representa una estampida: "Cada animal en el oeste americano, vacas y caballos y antílopes y búfalos, todos a la carga a través de la maldita superficie".

5. 'No.13 (Blanco, rojo, sobre amarillo)' (1958). Mark Rothko.

Un año después de pintar este cuadro que se conserva en el Metropolitan Museum Of Art de Nueva York (MET), Mark Rothko (1903-1970) voló a Europa con su familia. Su hija Katie recuerda cómo acabó aquel viaje: "Sólo tres días de playa" y dos meses y medio visitando museos. Rothko buscaba conexiones ancestrales entre sus preocupaciones y el arte del viejo continente. En su paso por Pompeya le confesó a John Fischer la "profunda afinidad" que sentía entre sus obras más recientes y los frescos de la Casa de los misterios. Ante aquellos muros, le habló de las grandes extensiones de color sombrío que compartían.

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En Grecia, en los templos de Paestum, Rothko enmudeció. En el templo de Hera, dos estudiantes italianos se acercaron al grupo de americanos y les preguntaron quiénes eran. Katie les respondió que su padre era un artista y ellos preguntaron a Rothko si había venido a pintar los templos: "Llevo pintando templos griegos toda mi vida sin conocerlos", respondió. Rothko admiraba esos espacios vibrantes de luz y color. Espacios mínimos y silencios místicos similares a los del monje pintor Fra Angelico (1395-1455). El historiador del arte Giulio Carlo Argan lo resumió así: "Un cuadro suyo no es una superficie, sino un ambiente". Y la ensayista María Zambrano habló del "tiempo de adentro". Los cuadros de Rothko son un poco eso.

6. 'Polar Stampede' (1960). Lee Krasner.

Es la mejor pintora de EE.UU. del siglo XX y forma parte de los grandes artistas norteamericanos de ese tiempo. Su condición de mujer y de pareja de Jackson Pollock fueron su mayor obstáculo para ser reconocida como lo que fue, a pesar de ser una de las pocas mujeres que ha tenido una exposición individual en el MoMA (en 1984), y de ser una de las artistas más demandadas en el mercado. En 2008, Polar Stampede (1960) se vendió en Sotheby’s por 3,2 millones de dólares.

Lee Krasner (1908-1984) quedó viuda en agosto de 1956, cuando Pollock murió en un accidente de tráfico. Ella cayó en un insomnio crónico y comenzó a pintar de noche. Su paleta se simplificó y se llenó de colores crudos, sin brillo; en estos cuadros emplea la espátula, arrastra la pintura y la derrama sobre el lienzo, como un caos controlado en todo momento. Espontaneidad restringida. Y lo más llamativo: el tamaño de sus expresiones creció, ya no pintaba en una habitación, pasó a ocupar el espacio en el que actuaba Pollock y, en consecuencia, sus lienzos se ampliaron. Su libertad se expandió y el mercado terminó recibiendo esos tamaños –además de su fuerte sentido del color y del movimiento, y sus huellas autobiográficas– con los brazos abiertos.

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7. 'Pelvis Series Red With Yellow' (1960). Georgia O’Keeffe.

Prefirió ser reclusa de la naturaleza para comprenderla desde lo más profundo de sus entrañas. En un remoto desierto de Nuevo México instaló su casa primero en Abiquiu y, luego, montó su Ghost Ranch, donde se instaló definitivamente en en los años treinta, tras la muerte de su marido Alfred Stieglitz. Allí se sumergió y se protegió en la figura de artista austera, ausente e inaccesible. Y descubrió –además de que el color de la naturaleza era otro– que podía trabajar lo suficiente durante dos días antes de que alguien la molestara.

Georgia O’Keeffe (1887-1986) encontró en esa naturaleza plena y nueva el vacío absoluto. La abstracción que no parece abstracta; la naturaleza meditada. "Cuando pienso en la muerte, solo siento que ya no podré ver este hermoso paisaje nunca más", escribió mucho antes de morir en medio de aquellas tierras rojizas. A fin de cuentas, Georgia O’Keeffe es una paisajista de la grandiosidad norteamericana y una retratista de la delicadeza de lo pequeño. Tan arraigada a lo local, como exponente cosmopolita, en un proceso de depuración formal infinito: "Trabajo sobre una idea durante mucho tiempo. Es como intimar con una persona, y yo no intimo fácilmente", dijo.

8. 'Dispensadores de aire' (1971). Yoko Ono.

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Todo el mundo odia a Yoko Ono (Tokio, 1933), desde el público a los críticos, y ni siquiera atiende a quienes la odian. Esa autosuficiencia, autonomía y soberanía la han convertido en uno de los personajes más detestados por hacer "una revolución silenciosa" para cambiar el mundo. Inconcebible. Seis décadas de trabajo invisible, de cocina popular y accesible, que ha sido ignorado y que debería haberla convertido en una de las creadoras más interesantes de la segunda mitad del XX. "Hacía un tipo de trabajo que a la mayoría de la gente no le interesaba y yo tampoco quería explicarles nada", reconoce la artista conceptual. "Solo quería hacer una obra que beneficiara a la humanidad".

Pintura, objetos, textos, películas, fotografías, arte postal, instalaciones, creaciones sonoras y, sobre todo, performances, desde que en 1961 realizó la pieza Un pomelo en el mundo del parque, con un actor susurrando cómo se pela un pomelo. Acciones anticapitalistas para cuestionar la relación de la ciudadanía con este mundo en el que hasta el aire puede ser un producto de consumo. Un año después, el artista Gordon Matta-Clark distribuyó aire puro por las calles a quien quisiera respirar oxígeno sin contaminar.

9. 'Tela quemada V' (1973). Joan Miró.

En los años sesenta –como un anciano pleno de vitalidad– recupera el sentir de la infancia. Lo hace con un lenguaje espontáneo, alegre y libre. Gana en gesto, pierde el espacio. Admira Japón y la filosofía japonesa al mismo tiempo que toma partido político para rechazar públicamente a Franco y al franquismo. Quiere que su obra salga de un modo natural, “sin esfuerzo aparente, pero largamente meditada y trabajada por dentro”. Y en los setenta, dos años antes de que muera el Dictador, Joan Miró (1893-1983) se vuelve más salvaje y brutal, más luminoso. Nace, a los ochenta años de edad, un antipintor: unas veces rasga los lienzos, otras dibuja con un cuchillo, también usa el fuego para que actúe sobre la tela. Lo ha conseguido, ha desacralizado la pintura quemándola, hiriéndola y aniquilado el espacio de la representación. Parece como si se hubiera olvidado de la estrategia zen, de la calma y la serenidad. La ingenuidad infantil del maestro le llevó a creer que al poner en entredicho la obra, cuestionaría su valor económico y los intereses del mercado. En realidad, logró generar un reclamo muy atractivo; sus galeristas se frotaron las manos y abrieron los bolsillos.

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miércoles, 12 de mayo de 2021

Cuadros al óleo de Frigiliana, El Acebuchal y Mayarín, por Ramón "Palmeral", pintor de Frigiliana

            Amanecer sobre el Fuerte desde el cortijo de mi hermana Vicky (Mayarín 1997)


                Cabras y chotos en el corral de mi pirmo Julio en El Comendaor (Frigiliana)

                        Amancer sobre cerro Lucero, camino de El Acebuchal 1997
                                                Recogiendo sarmientos lomas del Mayarín
                                                      Calas de Nerja
                                                    Cala de Bajondillo en Nerja
                                      Olivo en el Mayzarín finca de mis abuelos
                                Virgen del Pino. Ermita del cortijo del Pino Frigiliana
 
                                      El corte de la manzanas en los Peñoncillos

Ilustres y nobiliaria villa de Frigiliana. Cronología de Antonio Sánchez Sánchez. Ayuntamiento de Frigiliana



El libro fue presentado el 23 de abril 2021 en la casa de Cultura del Apero de Frigiliana por Carmen Cerezo con aistencia del alcalde Alejandro Herrero Platero, el poeta Francisco Ruiz Nogales, Genoveva Platero Sánchez, y por supuesto el autor Antonio Sánchez Sánchez.

Ver video en you tube de la presentación:

https://www.youtube.com/watch?v=cC3jCEUOdNo

Y otro video: Un paseo por Frigiliana:

 https://www.youtube.com/watch?v=Vzfx01pjcgM
 

lunes, 10 de mayo de 2021

"Mi amistad con Fernando Soria", el Hoja del lunes de alicante por Ramón Palmeral

 ENLACE VIDEO EXPOSICIÓN EN LA DIPUTACIÓN 2025:

https://www.youtube.com/watch?v=hhMAWKnVqqs

Mi amistad con Fernando Soria

Fernando Soria, por Ramón Palmeral.

Tras la cambiante primavera sucede el inexorable verano, es el tiempo en el que yo inicio mi temporada de pintura, aprovechando los días más largos, la luz y la temperatura que, a mí, particularmente me favorece. Además, el óleo se seca pronto, no me gustan los secativos químicos, el óleo debe secarse lentamente a la sombra. Por ello siempre que me siento a pintar me acuerdo de mi maestro, el pintor alicantino Fernando Soria (maestro de la luz). En septiembre de 2002, Soria presentó una exposición mía en el Ateneo Científico y Literario de la calle Navas, de Alicante y, en la presentación, dijo que yo pintaba como Madrazo. En aquella ocasión recibí de él uno de los consejos más importante de mi trayectoria pictórica, me dijo: «Ramón tú pintas muy bien, pero yo no veo a Ramón por ninguna parte»...

Pinchar AQUÍ para leer completo en Hoja del lunes.com de Alicante, 10 de mayo de 2021 

 

BIOGRAFIA

 

Antonio Soria Llopis (Alicante, 1897) y María Pérez Ramírez (Orán, 1896) fueron los padres de Fernando Soria Pérez que nació en Alicante el día 22 de julio de 1922.

Fernando tuvo tres hermanos, Antonio (vive actualmente en Alicante), Amanda y Óscar (ya fallecidos).

Sus primeros estudios los realiza en el Colegio Primo de Rivera en el barrio de Campoamor de Alicante. Es allí donde empieza a destacar entre sus compañeros en la clase de dibujo. Año tras año esa sensibilidad por el dibujo y la pintura se va acrecentando y hace más difícil la ayuda que le presta a su padre en el negocio de importación, venta y distribución del carbón.

Debido a las relaciones laborales y amistades en Palma de Mallorca, regresa a la isla para continuar sus estudios en la Escuela de Artes y Oficios Artísticos. Allí obtiene en el curso 1940-41, la calificación de sobresaliente en la asignatura de dibujo artístico.

Viaja a Francia a casa de sus tíos maternos. Conoce los ambientes de París y visita sus museos. El Louvre y sobre todo a los grandes impresionistas. Ver a escasos centímetros las pinturas de Monet, Renoir, Degas, Gauguin, etc. le produce un gran impacto y le dejará una profunda huella que le marcará de una manera vertical en su pintura.

El 1 de julio de 1943 ingresa en el servicio militar con destino Parque Jefatura de Transmisiones de Baleares en Palma de Mallorca.

Después del servicio militar Fernando Soria viaja de nuevo a Francia para perfeccionar su pintura.

Es a partir de los años 50 cuando empieza a exponer en distintas ciudades de España. Precisamente en una galería de Madrid conoce a la que sería su esposa y compañera hasta sus últimos días, Ina, Inocencia Giménez Berni (Biota, Zaragoza.1915).

El 24 de marzo de 1955 y en la parroquia de Nuestra Señora de los Dolores de Madrid se celebra la ceremonia religiosa.

El día 13 de abril de 1956 nace su única hija, cuyo nombre es Beatriz Francisca.

El matrimonio vive en Madrid una etapa importantísima que hace que Fernando Soria siga desarrollando con éxito su profesión de artista, pero añora cada vez más su tierra alicantina, el mediterráneo, la luz, y deciden trasladarse a Alicante.

En Alicante y en San Joan d'Alacant ocurren los episodios más importantes de su vida, como artista y a nivel personal.

El 6 de diciembre de 1983 muere su única hija Beatriz a la edad de 27 años.

Lejos de sucumbir ante la tragedia, Fernando Soria multiplica su trabajo y sus éxitos.

A partir del año 1986 va definiendo paulatinamente una ruptura del universo colorístico y va construyendo una nueva y frondosa poética que hace que su lenguaje sea más Soriano. Ahondando en lo más profundo de sus emociones, hurgando en lo teológico-místico, crea su mundo "Cósmico" con elementos de una geometría figurativa.

Aunque en el estudio sistemático y analítico de su obra observamos claramente distintas etapas, aspectos cambiantes, distintos modos de ejecución, siempre terminamos en afirmar la existencia de un espíritu unitario reivindicando su presencia.

Fernando Soria sigue exponiendo en distintas ciudades españolas, europeas y Suramericanas, obteniendo premios y sobre todo el reconocimiento como un gran artista plástico.

Es el fundador y primer presidente de la Asociación de Artistas de Alicante. Hoy Presidente de Honor.

En 1999 el Ayuntamiento de Alicante le dedica una avenida con su nombre, y en 2008 el Ayuntamiento de Sant Joan d'Alacant inaugura una calle con su nombre.

El 19 de noviembre de 2007 muere Ina, en Sant Joan d'Alacant a la edad de 92 años.

El 16 de mayo de 2009 muere Fernando Soria, en Sant Joan d'Alacant a la edad de 86 años.

Serie: "Paroximo de masas" de RAMÓN Palmeral 2020 y 21

 

                                "Pájaro" cartulina de acuarelas. Palmeral





Artículo: "Mi amistad con Fernando Soria" por Ramón Palmeral en Hoja del lunes, PINTOR ALICANTINO

Pinchar para leer:

https://www.hojadellunes.com/mi-amistad-con-fernando-soria/


domingo, 9 de mayo de 2021

Biografía de Peter Doig. No el gusta habla del valor de mercado de su obra material, sino artística.

 

Alejandra de Argos por Elena Cue

Peter Doig: biografía, obras y exposiciones

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Era el verano de 2013 cuando el artista escocés Peter Doig regresaba a su tierra natal como un hijo pródigo. La National Galleries of Scotland realizaba una exposición retrospectiva del artista llamada No Foreign Lands (No hay tierras extrañas). Era la primera vez que exponía en su ciudad de origen. Con este título parecían querer explicar la esencia y el corazón del pintor así como su obra, ya que Peter Doig, nacido en Edimburgo en 1959, había dejado pronto su ciudad para ejercer de nómada por distintos lugares del mundo.

 

 

 imagen: Peter Doig en la National Gallery de Escocia, disponible en http://www.telegraph.co.uk, Julio 2013

 

En 1962 se trasladó con su familia a la isla que le acogería definitivamente años más tarde, Trinidad, abandonándola a los pocos años para vivir en Canadá. Este cambio fue el origen de una serie de obras realizadas posteriormente, en los años noventa, en las que Doig presentó aquellos paisajes invernales y nevados de su infancia y juventud, como en White Creep. Más adelante, en 1979, su inquietud le llevó de nuevo a Gran Bretaña y, en Londrés, estudió Bellas Artes en la St Martin's School of Arts y en la Chelsea School of Arts. ¿Fue aquí cuando se enamoró de pintores como Edward Hopper, Paul Gauguin o Edvard Munch?


Los críticos y estudiosos no le llaman «nómada» por capricho. En los años ochenta regresa de nuevo a Canadá, concretamente a Montreal, a sus paisajes nevados, a sus enormes lagos de aguas quietas en los que flotan canoas, algunas con personas solitarias que parecen estar ajenas a todo lo que pasa a su alrededor. Fue uno de estos temas, Canoa blanca, la que años más tarde, en 2007, le convirtió en toda una celebridad al ser subastada por casi diez millones de dólares, un auténtico récord para un artista europeo vivo.

 

Peter Doig- White Canoe

 imagen: Canoa Blanca 1990-91, disponible en http://www.saatchigallery.com/, 2015

 

Sin embargo, para alguien que había decidido alejarse de toda la parafernalia del comercio de arte, esto suponía un serio problema a la hora de crear. Según un artículo del New York Times, el pintor decidió no vender más sus obras al coleccionista Charles Saatchi, responsable de esta venta: «Estaba muy nervioso después de la venta. (...) La gente hablaría más del precio de la obra que del propio trabajo. Además me hacía más difícil pintar. Me preguntaba, ¿por qué lo hago? ¿Estoy haciendo más ricos a los ricos?»
A pesar de estos miedos, el artista ya había sido reconocido por la crítica como uno de los grandes pintores contemporáneos del siglo XX. Fue nominado al premio Turner en 1994 y, ese mismo año, recibiría el premio Elliette von Karajan, además de convertirse, en 1995, en el comisario de la Tate Gallery de Londres.


Durante estos años, uno de sus trabajos más conocido y valorado fue la serie de pinturas basada en uno de los edificios del arquitecto suizo Le Cobursier, Unité d’Habitation, en el que trataba de reflejar su preocupación por la relación de la naturaleza con la obra del hombre. Después de fotografiarlo a placer, plasmó en grandes lienzos el fuerte contraste entre aquel sobrio edificio de hormigón y la vegetación que parecía engullirlo, en medio de trazos impresionistas azules, rojos y amarillos.

 

Peter Doig-the architects home in the ravine

 imagen: La Casa del Arquitecto en el Barranco 1991, disponible en http://www.saatchigallery.com

 

Esta relación con la naturaleza, con el entorno en el que vive, se hizo especialmente importante cuando decidió establecerse de nuevo en la isla de Trinidad, en 2002. En Puerto España abrió su taller de pintura y, otra vez cámara en mano, se empapó de los paisajes y de los habitantes. La cámara, las postales o los recortes de periódico se habían convertido en sus más fieles aliados a la hora de conservar en la memoria todo lo que veía y, a partir de ellos, creaba sus cuadros ya dentro del taller, no en una creación fotorrealista, sino impresionista y abstracta.


En esta etapa, retrató sobre todo una naturaleza salvaje, con gran influencia de Gauguin, en la que se cuela de vez en cuando algún personaje solitario, dibujado de forma esquemática, en medio de los fuertes colores llenos de vida del paisaje.

 

Peter Doig- Pelican

 Imagen: Pelicano (Ciervo) (2003), disponible en http://peterdoig.mbam.qc.ca/

 

Cómo él mismo reconocía, trataba de homenajear a sus pintores favoritos, pero sin que sus obras fuesen simplemente exóticas o representaran un mundo idílico y primitivo, sino con una visión propia de ese mundo que lo rodeaba, un mundo que se transformaba según el momento y el observador. Muchos estudiosos han hablado del carácter onírico y misterioso de algunos de sus cuadros y de la contradicción y la paradoja que encerraban: si en un primer vistazo parecen accesibles y cercanas, después se van convirtiendo en algo mágico y misterioso.


Han sido muchas las exposiciones que se han hecho a lo largo de los años sobre la obra de Peter DoigEn 2005, siendo profesor de la Academia de Bellas Artes de Düsseldorf, tuvo lugar una exposición en la Pinakothek der Moderner de Munich sobre su obra, donde destacaba, entre otras imágenes, la de un viejo roquero que miraba de frente a los visitantes, sentado en una pequeña barca, en la composición llamada One hundred years ego.

  

Peter Doig-Barca Roja

 Imagen: Hace 100 años (2001), disponible en http://peterdoig.mbam.qc.ca/

 

Más tarde, en 2008, la Tate Gallery de Londres expuso dos décadas de creación del artista, con más de cincuenta pinturas al óleo y trabajos sobre papel y en la que mostraba a un Peter Doig pintor de sueños y de mundos alternativos, llenos de fantasía combinada con recuerdos e imágenes de su memoria. Después, tuvieron lugar las muestras del Musée d’Art moderne de la Ville de Paris y de la Contemporary Fine Arts de Berlín, hasta regresar a su ciudad natal con la exposición ya mencionada, No hay tierras extrañas, que se trasladaría después a la Montreal Museum of Fine Arts, a principios de 2014, destacando en ella sobre todo la muestra de cuarenta carteles de películas que Doig pintó para las sesiones de cine del studio filmclub, instalado en su propio taller.

 

 Peter Doig - Ski Jacket    Peter Doig-Blotter


Peter Doin Burning Skies