La ética y la estética del arte moderno, actual o contemporáneo: “La mujer del eclipse” del pintor alicantino Ramón Palmeral, óleo de 110 x 90 cm
El arte moderno y contemporáneo refleja los cambios sociales, culturales, políticos y tecnológicos de cada época. A diferencia del arte tradicional, que buscaba con frecuencia representar la belleza, la realidad o los ideales de una sociedad, el arte moderno y contemporáneo amplía enormemente sus posibilidades. El artista puede utilizar pintura, escultura, fotografía, vídeo, instalaciones, performance, objetos cotidianos o medios digitales para expresar una idea, provocar una emoción o cuestionar la realidad. Ideas nuevas aunque sea un bodegón de flores como los de Madrazo.
Para comprender este arte es importante analizar dos aspectos fundamentales: la estética, relacionada con la forma, la belleza, la experiencia artística y aquello que consideramos arte; y la ética, relacionada con los valores, la responsabilidad, los límites y las consecuencias de las obras y de las acciones de los artistas. “La mujer del eclipse” forma parte de la serie “Mujeres del futuro” que buscando un surrealismo moderno, interpreta el futuro de la mujer a su antojo, como un ginoide o parte del cuerpo de un robot en este mundo que viene de la Inteligencia artificial, por lo tanto esa capacidad de comunicar ideas lo hace moderno o contemporáneo.
La estética del arte moderno y contemporáneo
La estética tradicional estuvo muy vinculada a conceptos como la belleza, la armonía, la proporción y la perfección técnica. Sin embargo, con la llegada del arte moderno, especialmente desde finales del siglo XIX y durante el siglo XX, estos criterios comenzaron a cambiar. No se pinta para el público, sino para el gusto o interpretación del artista. En un arte endogámico, para uno mismo.
Los artistas modernos dejaron de considerar que una obra tenía que ser bella o representar fielmente la realidad. Movimientos como el impresionismo, expresionismo, cubismo, dadaísmo, surrealismo y abstracción transformaron la manera de entender la creación artística.
Por ejemplo, el cubismo rompió con la representación tradicional de la perspectiva, mientras que el dadaísmo cuestionó directamente la idea de qué podía considerarse una obra de arte. El impresionismo salió a la calle para pintar impresiones de luz. El arte comenzó así a valorar también la innovación, la experimentación y la capacidad de generar preguntas.
En el arte contemporáneo esta libertad estética se ha ampliado todavía más. Una obra puede ser un objeto cotidiano, una instalación, una acción realizada ante el público, una fotografía, un vídeo o una creación digital. Por ello, la estética contemporánea no depende exclusivamente de que algo sea agradable o bello visualmente.
Por tanto, lo estético en el arte contemporáneo no se limita a lo bello, sino que también puede incluir lo extraño, lo desagradable, lo inquietante, lo cotidiano o incluso lo provocador.
A todo artista o pintor el recomiendo suscibrirse al canal "Arte en Diálogo" Lorena.














